
[ El ángel ya no vestía de negro. Iba desnudo, y su piel estaba recubierta de escamas. Ya no le acompañaba su gato, sino una serpiente blanca enroscada en el torso. Su cabello había crecido hasta su cintura, y su sonrisa, la sonrisa de caramelo que la había besado, aparecía surcada de dientes triangulares y serrados ]