
Igual no le conoces de nada. Igual solamente te fijaste en él por su mirada, su pelo largo y su sonrisa tímida. Igual te gustó que fumara el mismo tabaco que otra de las personas que tanto te quiso. Igual te gusta que tenga un nombre tan bonito, de arcángel. Igual te encanta que compartáis algún que otro gusto. Que tengáis la misma cámara de fotos. Igual son solamente coincidencias pero quién te diría que aquel viernes que no fuiste a la academia de arte para pasar la tarde con tus amigos en una espicha, lo conociste en ese bar tan concurrido, allí sentadito, casi mudo, y se levantó para presentarse y darte dos besos. Igual es sólo atractivo físico, y no hay química, pero cuando le oyes tocar la guitarra se te erizan los pelitos de la nuca. Igual sientes un pequeño cosquilleo de maripositas, y dentro de poco se convierte en el troco-tró de cien caballos. Igual es una ilusión, pero con soñarle te basta. Y te imaginas sus abrazos cálidos y sus besos bonitos. Y oye, igual no es buena idea, pero qué más da, ya me he tirado del precipicio y estoy temblando por sus huesos.