Nos convencen. Nos programan para creer que si un chico se porta como un capullo significa que le gustas.
''+ Estás colgado, si estás colgado. ¿Es realmente increíble verdad? No puedes concentrarte, saltas cada vez que suena el teléfono, miras el e-mail más de 1000 veces al día, querrías escribir canciones, no, incluso sientes la necesidad de decir su nombre en cualquier conversación.
- ¡Joder!
+ Bienvenido a mi mundo capullo.''
A las chicas nos enseñan muchas cosas de pequeñas. Si un chico te incordia es que le gustas. Cada película que vemos, cada historia que nos cuentan nos pide que creamos en ellas. El giro al final de la historia, la declaración de amor inesperada, la excepción a la regla. Pero a veces estamos tan obsesionadas por encontrar nuestro final feliz que nos olvidamos de leer las señales, las que diferencian a los que nos quieren de las que no, a los que se quedarán de los que se irán. Y es posible que ese final feliz no incluya al hombre ideal, puede que seas tú, recomponiéndote y volviendo a empezar. Liberándote para algo mejor que puede haber en tu fututo. Puede que el final feliz sea simplemente pasar página. O puede que no, puede que sea saber que a pesar de todas las llamadas no devueltas, de todos los desengaños, las meteduras de pata y las señales malinterpretadas, a pesar de todo el dolor y el bochorno nunca perdiste la esperanza.
¿Qué les pasa a los hombres?